Cuento corto español

Imagínate un día, que estás comiendo en tu casa. De repente llaman a la puerta a puñetazos y te asustas. Ves entonces entrar a unos cuantos guardias civiles con metralletas y se llevan a tu padre, o a tu hermano. Da igual, elige al que más amor le tengas.
No sabes a que se debe, no ha hecho nada, pero se lo llevan a empujones y pegándole.
Se lo han llevado porque, según escuchas por la radio, el caudillo quiere la regeneración de España, y dice también que aquellos que no tengan las manos manchadas
de sangre no tienen porqué temer. Tu familiar no las tiene, pero se lo han llevado igual.
Lo meten en la cárcel, y el motivo no existe. Puede ser el haber sido hijo de republicano, haber militado en un partido diferente a los de los locos
que dieron el golpe de estado, pensar racionalmente o simplemente estar disconforme con los nuevos  bárbaros que acaban de llegar
al poder cortando cabezas. No te imaginas que la posguerra va a ser más dura que la guerra, no te imaginas que vas a pasar hambre, que vas a comer cáscaras de naranja
y que te van a señalar por ser hij@ o esposa de “rojo”. Si tienes suerte conservarás tu pelo y no te raparán paseándote por tu pueblo para humillarte.

Te vas enterando poco a poco de lo que está pasando. De que lo han condenado a muerte por ejemplo, por pensar diferente, y que le van a redimir la condena con
penas de trabajo forzado. Te preguntas: ¿la esclavitud no era lo que hicieron los españoles cuando llegaron a América? No sabes lo que te espera.
Gracias a tu marido o a tu padre, el estado va a tener beneficios millonarios. Van a construir pantanos, embalses, canales, aeropuertos,
vías férreas (línea Madrid Burgos o Madrid Galicia) trabajando de sol a sol. No te lo va a contar por carta para que no sufras, te enterarás luego si tienes la
suerte de cumplir su “condena” y salir vivo.

Esto no va a salir por la radio, el medio del régimen; de esto te irás enterando poco a poco gracias al recuerdo y a las primeras víctimas, que como tu marido o
tu padre, empiecen a hablar pasados los años y perdiendo poco a poco el miedo.
Has escuchado que en Alemania y en Polonia hay campos de concentración de una gente muy sádica, amigos del caudillo, que se llaman nazis. Pero no sabes que tienes uno mucho más cerca de lo que pensabas, en Miranda del Ebro.

Imagina que a tu familiar que tanto quieres le obligan a dormir en el suelo, a mear en el mismo cuenco en el que le dan agua, no le dan de comer y no se puede escapar porque tiene un 90% de posibilidades de que si los pillan, sea fusilado. Por los superiores de los campos, que mienten en los informes diciendo que dan más comida a tu padre/marido y compañeros, pero que no la dan y ese dinero se lo guardan en el bolsillo. Mentirosos y puteros, en resumen.

Un día te llama tu marido y te dice que lo han trasladado al valle del escorial, a construir lo que será posteriormente el valle de los caídos. Lo escribo en minúscula concienzudamente. Días, noches, lluvia, nieve , sol. Y no hay ni una placa que recuerde que esa persona ha estado ahí. Sudando y trabajando gratis. Si, si, sin ver un céntimo. Tú posiblemente, tengas que ampliar tu jornada de trabajo, o poner a trabajar a tus hijos desde pequeños, porque tu marido es un esclavo. O tu padre.

Pasados los años, cuando ya te obligas a hacer memoria, para que no se te olvide su cara, tu padre, tu marido , o tu hermano, vuelven a tu casa. Con más años encima de los que realmente tienen.  Y con miedo a hablar. Muchas veces se queda mirando al vacío.

Y tú te paras a pensar y dices: ¿Qué está pasando? ¿Quién escribe la historia? Porque esto no se estudia en la escuela, no sale en los libros de texto ni en las enciclopedias.
Se sabe después de 40 años de silencio porque nadie se atrevía a hablar. Franco murió en su cama, y en tu país han muerto más de 100.000 personas como tu padre, tu marido o tu hermano. Inocentes, menos mal que tu familiar volvió vivo. Muchos de ellos aún siguen en zanjas y en cunetas. Se podrían hacer excursiones por Cataluña.

Mientras tanto, vas a la Iglesia a la comunión de tu prima o a la boda de tu vecina y ves que hay placas en honor a los fallecidos por dios y por la patria. Pero no por toda esa gente inocente que ha muerto asesinada o que ha sido esclava,
como tu familiar. Entonces no te cuadran las cuentas.

No te cuadran las cuentas porque lo has vivido, sabes que no es una película, que ha ocurrido. Y que no se cuenta de manera oficial, porque 80 años después, mandan los herederos de esta gente que se llevó a tu marido, o a tu padre. Si; quizás si todo esto se supiese, la humanidad podría mejorar y evitar volver a hacer lo mismo a gente inocente. El problema es que no hay una ley que diga que se tiene que hacer justicia por la memoria de tu padre o de tu marido. Te sientes impotente porque ahora que estamos en “democracia” se ha corrido una cortina, y no conviene hablar de esto.

Pero esto no pasó hace mucho tiempo. Y si te paras a razonarlo, este cuento que te cuento te podría haber pasado a ti. Piénsalo.

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Marujas asesinas

No podemos pedir igualdad con los hombres,  si entre nosotras mismas no nos respetamos como mujeres que somos.

Han sido muchos los años de lucha, de organización y de empeño para conseguir un mundo y una sociedad en los que la igualdad de género fuese posible, y hoy en día, a pesar de estar implantada entre comillas en nuestras vidas, aún es mucho el camino que queda por hacerse y por seguir recorriendo.

A pesar de haberse avanzado mucho y de haberse conseguido una sociedad en la que está penalizado someter y maltratar al género femenino, aún quedan vestigios del machismo mas rancio y arraigado. Se sigue dando trato de favor al género masculino en muchas familias, y por consiguiente a veces subliminalmente muchos hombres creen tener más derechos que las mujeres.

Pero desde mi punto de vista el problema no radica ahí, a pesar de ser un problema, porque es un proceso social lento, que poco a poco irá mejorando con el empeño de todos. El problema son las mismas mujeres, que se empeñan en maltratar a otras mujeres, en compararse, en humillarse y en vivir en un violento estado de competitividad nunca mejor dicho. ¿una vez que conseguimos (nuestras antepasadas) que se hagan leyes a nuestro favor y que se nos de lugar, por qué la mujeres se empeñan en matarse entre ellas?

Desde mi experiencia personal afirmo rotundamente que condeno a este tipo de mujeres machistas, que por equis motivos siguen teniendo esta actitud de “maruja asesina” que ya debería estar más que enterrada. Es denigrante conocer a mujeres que sin conocerte de nada te juzgan , ya porque seas joven, alta, baja, rubia o morena, como por lo que hagas de tu vida o por vivir con la libertad que te ha sido otorgada.

Es lamentable ver a mujeres frustradas, que en vez de luchar por salir de ese estado y ser mejor persona, se ensañan contra todo lo que tienen por delante (si es mujer mejor ), queriendo destruir a las que tienen al lado con críticas, con humillaciones y con hipocresía,  por el simple hecho de sentirse reconfortadas y en sentirse superiores que las otras. Es triste ver que esto pasa más de lo que debería, y más en mujeres maduras que en adolescentes, a las que siempre se les acusa de este tipo de comportamiento.

Mientras haya mujeres así nunca podremos pedir igualdad con el hombre, porque siempre seremos el sexo debil, que no se une, y que no lucha por la igualdad verdadera, que empieza por nosotras mismas. La igualdad de género empieza desde dentro y se expande hacia fuera.

Seamos capaces de darnos cuenta y de detectar todo lo que nos reste en nuestro camino de proceso e igualdad.

La vida de las personas es individual, pero  la lucha debe ser  colectiva. O algo así dijo Simone de Beauvoir.      barcelona 1936

La ley mordaza

No es 1 de octubre del 36. Es 2 de Julio del 2015 y ya hace más de veinticuatro horas que la famosa  y temida ley mordaza ha entrado en vigor.

El progreso a veces se vuelve “des” progreso, y los cangrejos andan hacia atrás. No siempre que se camina es en dirección correcta, o se escoge el mejor camino.

Pero no hay que perder la esperanza. Lorca decía que el más terrible de los sentimientos  es el sentimiento de tener la esperanza perdida. No perdamos la esperanza. Aunque nos falte el aire, aunque nos pongan celo en la boca.

Es el el momento en el que el pueblo decide en el que hay que actuar. Hay que salir a la calle, hablar, y votar, que es lo único que nos queda. Votar por limpiar los restos que quedan de aquella tortura en la que nuestra tierra estuvo sometida durante cuarenta años.

Si nuestros antepasados lucharon por conseguir lo que hoy nos queda de libertad, ¿no vamos a resistir nosotros?guerra-civil-espanola-mujer-arma1